27/5/15

"EL DETALLE" - Jorge Tempio 27-05-15


EL DETALLE
Jorge Tempio

Llovía con esa furia y esa tristeza agitada de la mañana de Bs. As. cuando toda la gente marcha apurada a sus trabajos. Era un día de uno de los tantos inviernos con lo que fuí envejeciendo rápida, insípidamente y de los que ya casi no recuerdo a no ser por este episodio. Viajaba en mi auto por Gral. Paz, camino a Lugano, la lluvia me atacaba con finas ráfagas desde mi ventana abierta apenas para no empañar los vidrios, y desde el frente con gotitas de lodo que como proyectiles levantaban los autos.

El limpiaparabrisas iba y venía arrastrando los impactos de lluvia amarronada, limpiaba o ensuciaba y yo veía o dejaba de ver. Me mojaba a veces y subía el vidrio que se empañaba, entonces lo bajaba y desaceleraba o aceleraba, mientras tanto me mojaba y volvía a subir el vidrio que se empañaba. Todo para mantener el delicado equilibrio entre la vida y la muerte dentro mi viejo fitito.

De repente, borrosas luces rojas por todas partes y el tráfico se convierten en una extensa caravana mortuoria, enlentecida sabría después, por el ejercicio del derecho a la morbosidad inherente del ser humano.

El cuerpo humeante aún, sin vida de un hombre yace en el asfalto, mostraba impúdico sus entráñas a los que querían y a los que no querían ver.

Estaban, como siempre los curiosos que no se paran a ayudar sino tan solo para ver. Algunos maldicen porque llegarán tarde al trabajo y otros simplemente nos conmovemos unos instantes.

Recuerdo sin ir más lejos, en una época que viajaba en tren y no era poco frecuente que alguien eligiera suicidarse por esa vía, las del tren precisamente, escuchar a pasajeros maldecir su suerte al enterarse que alguien se había arrojado en el carril en el que justamente viajaban, demorándolos.

Me pregunté si habrá imaginado una muerte así, si tendría parientes, si alguien lo esperaba... hasta que dejé de hacerme preguntas. Dejar de hacerme preguntas es algo que aprendí hace tiempo, cuando aún me preguntaba para que vivía o cosas así. Por una razón especulativa, siempre preferí vivir; me decía que desde la vida siempre se puede elegir oportunamente la muerte, del camino inverso en cambio nadie podía asegurar nada. Hoy ese razonamiento no me parece tan claro, pero en fin, en su momento me sirvió y como dije ya no me hago preguntas...

De ese día poco más hay que decir, ya que el cadáver se acomodó rápidamente a la monotonía de la vida ciudadana y lo último que recuerdo de la gran caravana es que siguió su curso, no sin antes despedir al finado con destellos de salvas de luces de stop , de balizas y persistentes bocinazos.

Ah... me olvidaba , la lluvia seguía mojándome. A lo lejos, muy a lo lejos escuchaba resonar una sirena mientras aguardaba al lado del cuerpo a que me detuviera la policía.

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